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Farmacología OdontológicaClinical Oral Investigations2026

RESISTENCIA ANTIBIÓTICA EN INFECCIONES ODONTOGÉNICAS

¿Sigue siendo seguro usar penicilina o clindamicina como tratamiento empírico en abscesos odontogénicos?

Esta revisión sistemática vinculada a la actualización de la guía alemana S3 sobre infecciones odontogénicas resume la evidencia reciente sobre resistencia antibiótica y terapia empírica. El mensaje clínico principal es claro: una infección odontogénica no se maneja con “un antibiótico fuerte” por costumbre, sino con control del foco, drenaje o tratamiento causal cuando corresponda, antibiótico solo si existe indicación, elección empírica razonable según gravedad y resistencia local, y cambio a terapia dirigida cuando exista cultivo, antibiograma o mala evolución. La revisión incluyó 37 estudios publicados entre 2016 y enero de 2025, con datos de 12.476 pacientes en 36 estudios y un estudio adicional con 20.645 aislamientos microbiológicos. La mayoría de estudios fueron retrospectivos y hospitalarios; por tanto, los resultados reflejan sobre todo infecciones más graves y pueden no representar exactamente infecciones leves ambulatorias de consulta general. La evidencia revisada confirma resistencia relevante y variable frente a penicilina G/V, aminopenicilinas simples, macrólidos y clindamicina. En cambio, las aminopenicilinas combinadas con inhibidor de beta-lactamasa, como amoxicilina/clavulanato o ampicilina/sulbactam según el contexto, mantienen el perfil empírico más sólido en muchos casos que realmente requieren antibiótico. La clindamicina ya no debe ser la alternativa automática ante cualquier etiqueta de alergia a penicilina: se necesita valorar si la alergia es real, estratificar riesgo, considerar protocolos como PEN-FAST/de-labeling cuando existan y usar cefalosporinas como cefazolina solo en alergias no severas o no confirmadas según protocolos locales.

DOI: 10.1007/s00784-026-06848-1Fuente originalPublicado: 21 de agosto de 2026
Farmacología Odontológica

RESISTENCIA ANTIBIÓTICA EN INFECCIONES ODONTOGÉNICAS

¿Sigue siendo seguro usar penicilina o clindamicina como tratamiento empírico en abscesos odontogénicos?

Artículo resumido Schmid AI, Werkmeister R, Al-Nawas B, Heider J. Antibiotic resistance in odontogenic infections: A systematic review of current evidence and implications for guideline-based therapy. Clinical Oral Investigations. 2026;30:183. doi:10.1007/s00784-026-06848-1.

1. Respuesta rápida

Esta revisión sistemática vinculada a la actualización de la guía alemana S3 sobre infecciones odontogénicas resume la evidencia reciente sobre resistencia antibiótica y terapia empírica. El mensaje clínico principal es claro: una infección odontogénica no se maneja con “un antibiótico fuerte” por costumbre, sino con control del foco, drenaje o tratamiento causal cuando corresponda, antibiótico solo si existe indicación, elección empírica razonable según gravedad y resistencia local, y cambio a terapia dirigida cuando exista cultivo, antibiograma o mala evolución.

La revisión incluyó 37 estudios publicados entre 2016 y enero de 2025, con datos de 12.476 pacientes en 36 estudios y un estudio adicional con 20.645 aislamientos microbiológicos. La mayoría de estudios fueron retrospectivos y hospitalarios; por tanto, los resultados reflejan sobre todo infecciones más graves y pueden no representar exactamente infecciones leves ambulatorias de consulta general.

La evidencia revisada confirma resistencia relevante y variable frente a penicilina G/V, aminopenicilinas simples, macrólidos y clindamicina. En cambio, las aminopenicilinas combinadas con inhibidor de beta-lactamasa, como amoxicilina/clavulanato o ampicilina/sulbactam según el contexto, mantienen el perfil empírico más sólido en muchos casos que realmente requieren antibiótico. La clindamicina ya no debe ser la alternativa automática ante cualquier etiqueta de alergia a penicilina: se necesita valorar si la alergia es real, estratificar riesgo, considerar protocolos como PEN-FAST/de-labeling cuando existan y usar cefalosporinas como cefazolina solo en alergias no severas o no confirmadas según protocolos locales.

2. Conocimientos previos para comprender el artículo

2.1. ¿Por qué una infección odontogénica no se resuelve solo con antibiótico?

Una infección odontogénica suele originarse en necrosis pulpar, periodontitis apical, pericoronaritis, enfermedad periodontal, infección perimplantaria o complicaciones quirúrgicas. Cuando progresa a absceso, celulitis o infección de espacios profundos, el problema no es solo bacteriano: hay pus, presión tisular, necrosis, barreras de perfusión y un foco dental que sigue alimentando la infección.

Por eso, el tratamiento central es el control del foco: drenaje, apertura cameral, endodoncia, extracción, desbridamiento o manejo quirúrgico según el caso. El antibiótico puede ser necesario en infección diseminada, compromiso sistémico, fiebre, trismus importante, celulitis, inmunosupresión, infección profunda o riesgo de complicaciones, pero no reemplaza el drenaje ni el control etiológico.

Idea clave En odontología, el antibiótico acompaña al tratamiento causal; no lo sustituye. Si hay absceso con foco activo, prescribir sin drenar o sin eliminar la causa puede retrasar la resolución y favorecer resistencia.

2.2. ¿Qué bacterias participan?

Las infecciones odontogénicas son habitualmente polimicrobianas. En la fase inicial suelen predominar cocos grampositivos facultativos, especialmente Streptococcus del grupo viridans y Streptococcus anginosus. Conforme la infección madura y el ambiente se vuelve más hipóxico, aumentan anaerobios como Prevotella, Fusobacterium y Porphyromonas.

Esta mezcla explica por qué los antibióticos deben cubrir flora aerobia/facultativa y anaerobia cuando el cuadro lo requiere. También explica por qué los cultivos convencionales pueden subestimar anaerobios si la muestra, el transporte o el cultivo no son adecuados. La secuenciación de nueva generación puede identificar mejor la diversidad microbiana, pero no siempre entrega un antibiograma fenotípico práctico e inmediato; por eso, cultivo convencional y NGS tienen funciones distintas.

2.3. ¿Qué significa resistencia antibiótica en este contexto?

Resistencia no significa que “el antibiótico nunca funciona”, sino que una proporción de los microorganismos aislados no es susceptible a ese fármaco según pruebas microbiológicas. Clínicamente, esto puede traducirse en mala evolución, necesidad de cambiar antibiótico, hospitalización prolongada o fracaso del tratamiento si además no se controla el foco.

La resistencia depende de región, gravedad, exposición previa a antibióticos, medio hospitalario o ambulatorio, técnica de cultivo y tipo de microorganismo. Por eso, una recomendación empírica útil en un país o hospital puede no ser igual de adecuada en otro.

3. Ahora sí, pasemos directamente a lo que dice el artículo

3.1. ¿Qué quiso investigar esta revisión?

El objetivo fue resumir la evidencia actual sobre resistencia antibiótica en infecciones odontogénicas, con atención especial a tres puntos: qué antibióticos siguen siendo razonables como terapia empírica, qué patrones de resistencia se están observando y cómo deben manejarse los pacientes con sospecha de alergia a penicilina.

El artículo se desarrolló dentro del proceso de actualización de la guía alemana S3 “Odontogenic Infections”, por lo que sus conclusiones tienen orientación clínica y de guía. Sin embargo, no deben aplicarse mecánicamente como guía universal en todos los países, porque la resistencia antibiótica depende del contexto local, del tipo de atención, de la exposición antibiótica previa y de los patrones microbiológicos de cada región.

3.2. ¿Qué tipo de revisión fue?

Fue una revisión sistemática vinculada a una actualización de guía, con búsqueda en PubMed y criterios explícitos de inclusión, pero sin metaanálisis, sin evaluación formal de riesgo de sesgo estudio por estudio y sin GRADE. Por eso, sus conclusiones deben entenderse como una síntesis orientada a guías y práctica clínica, no como una estimación cuantitativa definitiva de resistencia global.

ElementoDato clave
Base de búsquedaPubMed, con términos sobre infecciones odontogénicas, abscesos, complicaciones, microorganismos, terapia antibiótica y costos.
PeriodoEnero de 2016 a enero de 2025.
Registros identificados1.635 artículos.
Tras eliminar duplicados1.606 resúmenes cribados.
Texto completo evaluado130 artículos.
Estudios incluidos37 estudios.
Tipo de evidenciaMayoría retrospectiva: 27 estudios retrospectivos y 10 prospectivos. No se encontraron ensayos clínicos aleatorizados adecuados para esta pregunta.
Población representada12.476 pacientes de 36 estudios, más un estudio con 20.645 aislamientos microbiológicos sin número exacto de pacientes.
Ámbito de búsquedaBúsqueda realizada únicamente en PubMed dentro del proceso de actualización de guía.
Evaluación críticaNo se reportó metaanálisis, evaluación formal de riesgo de sesgo estudio por estudio ni GRADE.
Tipo de atención31 estudios hospitalarios y 6 ambulatorios; esto limita la extrapolación a infecciones leves de consulta general.

4. ¿Qué encontró la revisión?

4.1. La microbiología es polimicrobiana y con fuerte componente anaerobio

La mayoría de los estudios incluidos trataban abscesos de origen odontogénico, especialmente en pacientes hospitalizados: 31 de 37 estudios fueron hospitalarios y solo 6 ambulatorios. Por eso, las tasas de resistencia pueden reflejar infecciones más graves, pacientes con mayor complejidad o exposición antibiótica previa, y no deben trasladarse sin matiz a infecciones leves localizadas en consulta general.

La proporción de anaerobios fue muy variable, desde 0 % hasta 98 %. Esta amplitud no necesariamente indica diferencias biológicas reales, sino también diferencias en técnica de toma de muestra, transporte, cultivo anaerobio y uso de métodos moleculares. Los estudios con next-generation sequencing encontraron microbiomas más complejos y mayor presencia de anaerobios.

4.2. Penicilinas simples y aminopenicilinas simples muestran resistencia creciente

La revisión confirma que la resistencia a penicilina G/V y aminopenicilinas simples es un problema relevante, especialmente frente a Staphylococcus spp. Las tasas fueron muy variables entre estudios: desde 1,2 % hasta 100 %, y con frecuencia por encima de 30-40 %.

Esto significa que usar amoxicilina o penicilina simple como receta automática puede ser insuficiente en algunos entornos, especialmente en infecciones más graves, pacientes hospitalizados o regiones con alta resistencia local.

4.3. Aminopenicilina + inhibidor de beta-lactamasa sigue siendo la opción empírica más sólida

La combinación de una aminopenicilina con un inhibidor de beta-lactamasa mostró mejor perfil de susceptibilidad. Las tasas de resistencia reportadas fueron de 0 % a 48 %, pero la mayoría de estudios indicó valores bajos, frecuentemente por debajo del 10 %. Su valor no está en ser “más fuerte”, sino en ampliar cobertura frente a microorganismos productores de beta-lactamasa, especialmente en infecciones polimicrobianas con anaerobios.

Por eso, el artículo concluye que aminopenicilinas con inhibidor de beta-lactamasa siguen siendo la opción empírica más sólida en muchos casos que realmente requieren antibiótico, especialmente infecciones moderadas o severas. Aun así, deben ajustarse a guías locales, severidad, alergias, función renal/hepática, embarazo, interacciones y antibiograma cuando exista. No reemplazan drenaje, control del foco ni tratamiento causal odontológico.

4.4. Clindamicina: útil en casos seleccionados, pero cada vez menos cómoda como alternativa automática

La clindamicina se ha usado tradicionalmente como alternativa en pacientes con alergia a penicilina. Sin embargo, esta revisión muestra que esa práctica debe revisarse. Las tasas de resistencia fueron extremadamente variables: de 0 % a 91,5 %, con muchos estudios alrededor de 30 %. Además de la resistencia, la clindamicina tiene un perfil de efectos adversos menos cómodo, incluyendo diarrea asociada a antibióticos y riesgo de colitis por Clostridioides difficile, por lo que debe reservarse para casos seleccionados con alergia justificada.

Algunos datos son especialmente importantes: en un estudio, los pacientes tratados con clindamicina tuvieron estancias hospitalarias más largas y más fallos terapéuticos que quienes recibieron amoxicilina/clavulanato. Además, los macrólidos como eritromicina mostraron un perfil de resistencia desfavorable, con rangos aproximados de 9 % a 92,8 %, por lo que no son una opción empírica rutinaria para infecciones odontogénicas según esta revisión.

Interpretación clínica Clindamicina no desaparece del arsenal, pero ya no debe usarse por reflejo ante cualquier “alergia a penicilina” no confirmada. Primero hay que valorar si la alergia es real, qué tipo de reacción ocurrió y si existen alternativas más seguras.

4.5. Cefalosporinas y alergia a penicilina: una parte clave del cambio actual

El artículo destaca el interés creciente por cefalosporinas, especialmente cefazolina, en pacientes con alergia a penicilina no confirmada o no severa. Para cefalosporinas con cadenas laterales diferentes, como cefazolina, la evidencia citada reporta reactividad cruzada menor de 1 % en pacientes con alergia a penicilina reportada. Esto no equivale a seguridad universal para todas las cefalosporinas ni para alergias graves.

Esto no significa que toda persona alérgica pueda recibir cefalosporinas sin evaluación. Cefazolina no debe usarse automáticamente en pacientes con anafilaxia, angioedema, compromiso respiratorio o reacciones cutáneas graves sin evaluación especializada. La etiqueta de alergia debe analizarse porque muchas “alergias” anotadas en la historia son intolerancias, reacciones antiguas o datos poco claros que pueden empujar al paciente hacia antibióticos menos convenientes.

5. Tabla clínica: lectura práctica de los antibióticos mencionados

Antibiótico / grupoLectura clínica según el artículoPunto de prudencia
Penicilina G/VResistencia creciente y muy variable. Puede ser insuficiente como empírico único en muchos entornos.No elegir por costumbre sin considerar gravedad y resistencia local.
Aminopenicilinas simplesResistencia frecuente, especialmente en algunos patógenos productores de beta-lactamasa.Amoxicilina sola puede no ser ideal en infecciones avanzadas o con sospecha de anaerobios beta-lactamasa positivos.
Amoxicilina/clavulanato o ampicilina/sulbactamPerfil más favorable. Opción empírica sólida en muchos casos que realmente requieren antibiótico, especialmente moderados/severos.No es “más fuerte” por sí misma: cubre beta-lactamasas. Ajustar a guías locales, función renal, severidad y alergias; no reemplaza drenaje ni control del foco.
ClindamicinaResistencia notable, muy variable y efectos adversos relevantes, incluyendo diarrea y riesgo de colitis por C. difficile.Reservar para casos seleccionados con alergia justificada. No usar automáticamente ante alergia no confirmada.
MacrólidosPerfil de resistencia desfavorable; eritromicina/macrólidos mostraron rangos aproximados de resistencia de 9 % a 92,8 %.No recomendados como terapia empírica rutinaria para infecciones odontogénicas.
Cefalosporinas, como cefazolinaCefazolina puede ser alternativa en alergia a penicilina no severa o no confirmada, por baja reactividad cruzada con cadenas laterales diferentes.No aplica a anafilaxia, angioedema, compromiso respiratorio o reacciones cutáneas graves sin evaluación especializada.
FluoroquinolonasPueden mostrar buena susceptibilidad en estudios seleccionados y casos complejos.No son de uso rutinario por riesgos como tendinopatía, neuropatía y posible aneurisma aórtico, además de preservar su indicación.
Vancomicina y otros antibióticos hospitalariosPueden aparecer en datos de sensibilidad microbiológica.No son opciones odontológicas rutinarias; corresponden a indicaciones hospitalarias específicas y manejo especializado.

6. Alergia a penicilina: por qué importa tanto

La etiqueta de alergia a penicilina puede cambiar completamente la prescripción. Si el odontólogo acepta esa etiqueta sin preguntar, puede evitar betalactámicos eficaces y prescribir alternativas con peor perfil de resistencia. El artículo resalta estrategias como PEN-FAST y el de-labeling.

ConceptoQué significaUtilidad clínica
PEN-FASTRegla clínica para estimar el riesgo de alergia verdadera a penicilina según la historia.Ayuda a estratificar pacientes de bajo riesgo; debe aplicarse según protocolos locales, no como prueba informal improvisada.
De-labelingProceso de retirar la etiqueta de “alérgico a penicilina” cuando no se confirma una alergia real.Permite usar antibióticos de primera línea y reducir uso innecesario de clindamicina; el desafío oral o retiro formal de etiqueta debe seguir protocolos y apoyo médico/alergológico cuando corresponda.
Alergia no confirmadaHistoria vaga, antigua, sin datos de anafilaxia, urticaria grave, angioedema o reacción severa.Puede requerir evaluación estructurada antes de descartar todos los betalactámicos.
Alergia severa probableAnafilaxia, compromiso respiratorio, reacción cutánea grave, hospitalización o reacción inmediata claramente compatible.Evitar betalactámicos relacionados y coordinar manejo médico/infeccioso según gravedad.

7. Aplicación clínica para odontólogos

7.1. Antes de prescribir, resolver cinco preguntas

¿Hay indicación real de antibiótico o basta con tratamiento local, drenaje, endodoncia, extracción o manejo quirúrgico?

¿La infección es localizada o hay diseminación, fiebre, celulitis, trismus, compromiso sistémico, inmunosupresión o riesgo de espacios profundos?

¿Qué antibiótico cubre mejor la flora probable en mi región y mi centro, según resistencia local?

¿El paciente tiene alergia real a penicilina o solo una etiqueta no confirmada?

¿Necesito cultivo, drenaje, derivación, hospitalización o cambio a terapia dirigida?

7.2. Cuándo el antibiótico es insuficiente aunque sea correcto

Un antibiótico adecuado puede fracasar si el foco dental no se elimina, si no se drena el absceso, si el paciente ya recibió antibióticos previos, si hay infección de espacios profundos, si hay diabetes no controlada, inmunosupresión o si se eligió un fármaco al que la flora local es resistente.

Por eso, la mejor decisión no es solo “qué antibiótico dar”, sino “qué tratamiento causal necesita este paciente hoy”. En infecciones odontogénicas severas, la cirugía temprana y la terapia antibiótica efectiva deben trabajar juntas.

8. Qué NO debe concluirse

No debe concluirsePor qué
Que toda infección odontogénica necesita antibióticoMuchas infecciones localizadas requieren control del foco y drenaje, no antibiótico indiscriminado.
Que el antibiótico sustituye la extracción, endodoncia o drenajeEl foco odontogénico debe tratarse; el antibiótico solo reduce la carga bacteriana y la diseminación cuando está indicado.
Que amoxicilina sola siempre es suficienteLa resistencia a penicilinas y aminopenicilinas simples está aumentando y varía según región y patógeno.
Que clindamicina es la alternativa automática en alergia a penicilinaHay resistencia relevante, efectos adversos y muchas alergias a penicilina no son verdaderas.
Que cefazolina puede usarse en cualquier alérgico a penicilinaDebe evaluarse el tipo de reacción. Las cefalosporinas pueden ser seguras en alergias no severas/no confirmadas, no en todos los casos.
Que los resultados sirven igual para todos los paísesLa resistencia antibiótica es local y cambia con el tiempo; se necesitan datos regionales.
Que NGS reemplaza hoy a todos los cultivosNGS mejora detección, especialmente de anaerobios, pero tiene barreras de costo, infraestructura e interpretación.
Que fluoroquinolonas deben usarse de rutinaPueden ser útiles en casos seleccionados, pero tienen efectos adversos importantes y deben preservarse.
Que toda infección odontogénica debe tratarse con antibiótico de amplio espectroMuchas infecciones localizadas se resuelven con control del foco; el espectro depende de gravedad, signos sistémicos, riesgo y guías locales.
Que la revisión define dosis y duración universalesDosis y duración dependen de guías locales, severidad, función renal/hepática, edad, embarazo, alergias, evolución y control quirúrgico.
Que PEN-FAST o de-labeling deben hacerse informalmente en consulta dental sin protocoloSon estrategias útiles, pero deben aplicarse según protocolos locales y apoyo médico/alergológico cuando corresponda.
Que cefazolina es segura en toda alergia a penicilinaLa baja reactividad cruzada aplica sobre todo a alergias no severas/no confirmadas y cadenas laterales distintas; no a anafilaxia o reacciones graves sin evaluación.
Que antibióticos hospitalarios como vancomicina son opciones odontológicas rutinariasPueden aparecer en datos de sensibilidad, pero su uso corresponde a indicaciones hospitalarias específicas.
Que NGS reemplaza completamente al antibiograma convencionalNGS mejora identificación microbiana, pero no siempre entrega susceptibilidad fenotípica práctica inmediata.
Que prolongar antibiótico “por si acaso” mejora el resultadoSi el foco está controlado y el paciente evoluciona bien, prolongar antibióticos sin indicación favorece resistencia y efectos adversos.

9. Limitaciones importantes del artículo

No se pudo realizar metaanálisis por heterogeneidad en diseño, población, métodos microbiológicos y pruebas de sensibilidad.

La mayoría de estudios fueron retrospectivos y muchos incluyeron pacientes hospitalizados, por lo que los resultados pueden sobreestimar resistencia frente a infecciones ambulatorias leves.

La búsqueda se realizó en PubMed dentro del proceso de guía, no en múltiples bases de datos de forma amplia como otras revisiones sistemáticas.

Hubo variabilidad en técnicas de cultivo, detección de anaerobios y criterios microbiológicos; algunos estudios probablemente subestimaron anaerobios.

Los datos de resistencia son regionales y temporales; no deben aplicarse mecánicamente a todos los países o centros.

La revisión ofrece recomendaciones orientadas a guía, pero la elección final depende del paciente, severidad, alergias, función renal/hepática, embarazo, interacciones, disponibilidad local y antibiograma si existe.

No se aplicó GRADE ni calificación formal de certeza de evidencia; por tanto, la fuerza de las recomendaciones debe leerse con prudencia.

No se reportó una evaluación formal de riesgo de sesgo estudio por estudio.

La exposición antibiótica previa en pacientes hospitalizados puede alterar cultivos, reducir crecimiento bacteriano, seleccionar microorganismos resistentes y modificar las tasas observadas.

La ausencia de ensayos clínicos aleatorizados adecuados limita la comparación directa de esquemas empíricos en desenlaces clínicos como curación, reintervención, hospitalización o complicaciones.

La revisión no define dosis, duración ni protocolos universales de alergia; estos deben adaptarse a guías locales y al contexto clínico.

10. Qué aprendemos para la práctica odontológica

El aprendizaje principal es que la prescripción antibiótica en odontología debe ser tan diagnóstica como farmacológica. No basta con memorizar “amoxicilina para infección” o “clindamicina si alergia”. El odontólogo debe valorar foco, extensión, gravedad, comorbilidades, historia de alergia, exposición previa a antibióticos y resistencia local.

Las infecciones odontogénicas son un escenario donde la odontología y la medicina se encuentran. Una mala prescripción puede favorecer resistencia, retrasar drenaje, prolongar hospitalización o exponer al paciente a efectos adversos. Una buena prescripción, en cambio, combina tratamiento causal, selección antibiótica razonable, seguimiento y cambio a terapia dirigida cuando sea necesario.

11. Conclusión simple

Esta revisión muestra que la resistencia antibiótica en infecciones odontogénicas está aumentando, especialmente frente a penicilinas simples y clindamicina. Las aminopenicilinas con inhibidor de beta-lactamasa siguen siendo la opción empírica más sólida en muchos casos que realmente requieren antibiótico, siempre junto con control del foco cuando corresponda. La clindamicina debe reservarse para situaciones seleccionadas con alergia justificada a penicilina, y la evaluación correcta de alergias, junto con cefalosporinas apropiadas en casos no severos o no confirmados, puede mejorar la selección terapéutica.

12. Conclusión final

Este artículo es muy útil para CarpuleNet porque actualiza una pregunta diaria de la consulta: qué antibiótico elegir cuando una infección odontogénica ya no es un problema local sencillo. La respuesta no es escoger el antibiótico “más fuerte”, sino el más adecuado para la microbiología probable, la severidad del cuadro, el riesgo del paciente y la resistencia local.

La revisión confirma que el manejo moderno de infecciones odontogénicas debe abandonar automatismos. Penicilina o amoxicilina simple pueden fallar en ciertos entornos; clindamicina tiene resistencia y efectos adversos que obligan a usarla con más criterio; y las combinaciones con inhibidor de beta-lactamasa mantienen un papel central como tratamiento empírico en muchos pacientes. Al mismo tiempo, la etiqueta de alergia a penicilina debe analizarse con rigor, porque muchas veces no representa una alergia verdadera y puede empujar al paciente hacia antibióticos menos convenientes.

La enseñanza clínica es directa: primero se controla el foco, luego se prescribe si existe indicación, y después se vigila la evolución. Cuando el caso es grave, hospitalario, recurrente, con mala respuesta o con riesgo médico, el cultivo, el antibiograma y la terapia dirigida se vuelven esenciales. El antibiótico correcto no es una receta fija: es una decisión clínica ajustada al paciente, al foco infeccioso, al patrón local de resistencia y al momento evolutivo de la infección.

13. Aprendizaje práctico único

En infecciones odontogénicas, el antibiótico no debe elegirse por costumbre. Antes de recetar, el odontólogo debe preguntarse: ¿ya controlé el foco?, ¿este paciente realmente necesita antibiótico?, ¿qué resistencia local puede existir?, ¿la alergia a penicilina es verdadera?, y ¿cuándo debo cambiar a terapia dirigida? Prescribir bien no es dar más antibióticos; es dar el antibiótico correcto, al paciente correcto y solo cuando corresponde.

14. Bibliografía

Schmid AI, Werkmeister R, Al-Nawas B, Heider J. Antibiotic resistance in odontogenic infections: A systematic review of current evidence and implications for guideline-based therapy. Clinical Oral Investigations. 2026;30:183. doi:10.1007/s00784-026-06848-1.

Enlace/DOI: https://doi.org/10.1007/s00784-026-06848-1